“Casa Blanca es una olla; pero de cultura”

En el barrio San Benito de la Localidad de Tunjuelito, hay  un espacio dónde jóvenes adictos al Hip Hop, encuentran un lugar donde pueden expresar su amor y compromiso con la comunidad a través del Rap.


Es la una de la tarde de un sábado soleado típico de la capital, la estación de Transmilenio Parque, la que queda en frente del parque Tunal, se encuentra desolada sin ninguna persona que ofrezca una cara amable para tratar de ubicar la famosa Casa Blanca que vengo a buscar. Decido salir de la estación y aventurarme a la búsqueda de dicha casa, que sabía no encontraría con facilidad, gracias a ese sentido, en mi caso falta del mismo, llamado ubicación.


Luego de dar varias vueltas por el barrio San Benito, reconocido por las fábricas que procesan diferentes tipos de cueros, es fácil notar que las personas que allí viven no disfrutan de muchas comodidades, las casas la mayoría se ven en obra gris y no exceden de segundos pisos, las vías no están en muy buen estado y si se levanta un poco la mirada se puede ver que el panorama se extiende hasta sus vecinos más cercanos, Ciudad Bolívar.

Se observan muchos jóvenes de ambulando por las calles una gran parte responde al estereotipo de la frase: “´Espere le saco la sim”, además, la mayoría de los mismos caminan enrollando un cigarrillo de marihuana. Otros, en edad mucho mayor y en una situación mucho más triste,  ya son habitantes de calle, adictos al bazuco. Para mi sorpresa, estas personas no son ignoradas por la comunidad, de hecho parecen convivir en armonía y establecer lazos de compañerismo y ayuda.

Encontré la casa, al final no tuve que dar muchas vueltas, bastó con ver un graffiti gigante y sí, en diagonal me daba la dirección, es una casa blanca que no excede de un segundo piso, sin ventanas y sin terminar. Toco la puerta y me abre un niño, que como es de esperar viste ancho y me saluda caluroso: “Hola, tú vienes a hacerle la entrevista a René, bienvenida”. Steven* es un niño de 13 años que como el mismo me cuenta orgulloso, canta rap, en compañía de su maestro musical René y está aprendiendo a bailar break dance.

Luego que Steven me recibe, me saludan varios graffitis coloridos que saturan y le dan vida a esta casa en obra gris. Al recorrer el espacio se encuentran muchos más, de todos los estilos, desde los clásicos de letras y figuras urbanas, hasta los oscuros de trazos más finos con caracteres de caras largas y escabrosas como los de Mordaz, un graffitero reconocido por la localidad que ha ganado premios y lo han llevado a participar fuera del país en festivales de arte urbano.

El espacio es grande, hay un jardín y allí hay una planta de marihuana tipo Indika, majestuosa, alta e imponente, parece ser el centro de atención en Casa Blanca. Le pregunto a Steven sobre esta planta, qué si sabe que es y asiente con la cabeza. No parece agradarle el tema y se va rápida mente diciendo con emoción: “¡Llegó René!

René parece joven, como es de esperarse trae una camisa gris con un grafitti dorado, pantalón ancho y unas Adidas clásicas Superstar blancas con negro, por supuesto no puede faltar algo que adorne su amplia sonrisa: una gorra paletera negra. Me saluda, se presenta y me invita a seguir a lo que parece ser su sala, llena de stencil de hojas de marihuana, afiches que defienden el consumo responsable de yerba, muchos de los mismos del colectivo “Échele cabeza, cuando se de en la cabeza” el cual informa acerca de todo tipo de drogas e indica cuál sería la manera más responsable de consumirlas.

Este hombre no es tan joven, tiene ya 29 años, es Publicista de la Central y líder de la comunidad desde el 2011 a través de su proyecto Casa Blanca. Él vivió desde que nació hasta los 18 años en esta casa, donde a los 9 años y sin vergüenza lo admite, empezó a fumar marihuana.

A René le encantaba el alcohol, probó otras drogas sintéticas como el perico, las pepas, los trips y el que más me impactó, el bóxer, del cual me contó varias experiencias, entre ellas, su primera vez con “los bombazos” (Forma en cómo se refieren a la acción de inflar y aspirar una bolsa llena de pegante). Fue en un sector conocido como la playita, lugar donde están las famosas curtiembres y el contaminado río Tunjuelito, con sus amigos no supo “pilotear el viaje” y cayó a esta agua sucia. Como pudo se levantó y llegó a la casa con un olor nada agradable, que cuando lo recuerda se estremece.

A los 18 años, René decide alejarse de este panorama, tomar un respiro y se va de San Benito, empieza a estudiar, pues desde los 12 años no tomaba un lápiz ni un cuaderno. Para su sorpresa, no había olvidado lo básico y se apasiona por la imagen, decide ser publicista y lo logra. Su mamá se va a España, le pide que no se olvide de la casa en la que vivió su niñez. Ese niño inmaduro, con una fuerte adicción que salió de San Benito, regresó convertido en un hombre profesional libre, consumidor de “drogas suaves” como él llama a la marihuana, y encontró su casa convertida en una olla.

Desalojar a los habitantes de la casa no fue tan complicado, pues por su vida pasada, resultaron ser unos viejos compañeros de consumo. Así que decide vivir ahí y como está tan apasionado por el rap, empieza a hacer fiestas clandestinas, con representantes pesados del rap hardcore, tipo de música que se caracteriza por su sonido agresivo y pesado. A estas fiestas sólo asistían mayores de edad, ya que había un consumo de alcohol y de forma personal, más no de expendio, sustancias psicoactivas, que René define como un impacto negativo a la comunidad.

Así se empieza a montar el proyecto Casa Blanca, se llamó así por “El Judío” rapero caleño, que tiene gran acogida en la escena rola. Él le contó que “la Olla más caliente y reconocida de Cali, se llama Casa Blanca” entonces a modo de sarcasmo, decidió llamar a su casa así, queriendo que se vuelva la más caliente y reconocida por hacer cultura.

En el 2011, llega a Casa Blanca MC Litos, un activista de otro colectivo que le propone a René hacer una sociedad con su organización para montar talleres de rap, donde se enseñen los elementos básicos de la cultura, a cantar, a bailar, a escuchar y a pintar. Eso se traduce en el hip hop, a ser MC, hacer Break Dance, aprender de los DJ y hacer graffiti.

La meta eran 7 millones de pesos de una convocatoria de la Alcaldía de Tunjuelito, que serían invertidos en la comunidad, en Casa Blanca y en los niños, porque son la población más vulnerable, pues según René, los padres casi nunca están en casa, ya sea porque trabajan, una gran parte con lo ajeno, otros están en la cárcel, son adictos y algunas mamás sólo están en el hogar de día.

Una obra de teatro que mostraría lo que en realidad es Casa Blanca, pues si la mayoría de la comunidad creía que era una olla, pues bien, les darían la razón y le demostrarían al Gobierno que los rumores son ciertos.

Llegó el día tan esperado, en la tarima estaba René, Mc Litos y 15 niños más, entre ellos Steven, que para esa época tendría sólo 9 años. Pusieron a sonar su música favorita y delante de ellos una pared de papel, simulando la fachada de Casa Blanca. De repente se subieron a tarima otros jóvenes, pero de mayor edad, con uniformes, simulando ser la policía y vecinos molestos diciendo injurias, golpeando la puerta. Como no respondían el llamado, decidieron tumbar la puerta y delante de ellos, los rumores eran ciertos, detrás de esa pared, había una olla… Express, de cuál sacaron un aerosol, un vinilo de música, una gorra y unos tennis para bailar break dance. Por supuesto Casa Blanca era una olla, una olla cultural.

Así nació este proyecto que hoy se encuentra en riesgo, pues la madre de René, decidió vender la casa para comprar una nueva en otro barrio. Casa Blanca no siempre cuenta con dinero de la Alcaldía y la mayoría de los recursos son gestionados por los integrantes de este colectivo, a través de conciertos, en los cuales el costo de la entrada es una donación. Los niños que se benefician de este programa se verán desplazados del lugar que los acoge cada tarde y fin de semana, pues no tendrán cómo emplear ese tiempo de ocio el cual  no pueden compartir en su hogar.

*Nombre cambiado por derechos de infancia y adolescencia.