Poder, creencias y libertad

A lo largo de la historia el poder siempre se ha encontrado en manos de pocos y de los mismos actores -siendo la misma familia, estrato social, ideología- desapareciendo a cualquiera que desee cambiar el rumbo de lo que ellos imponen. Desde los 70 los actores de conflictos en diferentes partes del mundo han sido los mismos países -EE.UU.- satanizando ideologías, por ejemplo, el comunismo que en la actualidad se refleja.

Persépolis es una muestra de ello, del lavado de cerebro que nos hacen los medios, religión y gobernantes al decir que equis tipo de pensamiento lleva al fracaso como en Venezuela, pero no abordan el verdadero enemigo, el boicot que se realiza por el conflicto de intereses en tales zonas por las riquezas que presenta.

Perpetuamente el aliado de todos ha sido la religión, esa mano amiga que aliena. En pleno siglo XXI después de la satisfactoria reforma de la constitución en el 91 Colombia pasó a ser un Estado laico, sin embargo, la religión sigue teniendo poder en las decisiones que debe tomar el pueblo o gobernantes por normas morales que en muchas ocasiones son una fachada para mantener el dominio del pueblo y a su vez anticuadas por la globalización en diversos temas que presentamos hoy día.

No igual a lo que vivieron en Irán por la Revolución islámica del derrocamiento de la monarquía por el patrocinio de los muyahidines, Colombia a pesar de ser un país laico las decisiones que se toman en caso de no ser aceptadas por el catolicismo forman un tropel por lo que se quiere, se dice y se malinterpreta por parte de todos; los límites impuestos acá no son tan extremos como se hizo allá pero cosas tan banales como el estilo de prendas que debemos usar las mujeres, colores, diseños, educación es una manera de erradicar la libertad que tiene la ciudadanía de imponer y contar la historia del mundo desde el aspecto que les favorezca a ellos y no de un punto crítico y neutral.

La forma más simple pero poderosa de lobotomía a alguien es atacando su moralidad en cuanto a la creencia de un ser supremo que te juzga por tus actos “buenos o malos” previamente establecidos por ellos, limitando la autoridad de cada quien simultáneo alineando a un tipo de pensamiento desde lo político a lo personal.

Creencias que más que ayudar a lo espiritual, desean “mantener” un orden que, aunque no se le quiera llamar de esta forma es dictadura, porque implantan reglas que ayudan al cese de comportamientos autónomos con el miedo de llegar a un lugar donde serás feliz después de muerto.

Muchas son las sátiras que se le hacen a la religión desde películas, series entre otro tipo de formatos mediáticos donde se muestra el real interés de cada religión, un juego al estilo Simón dice mientras el otro hace lo que le direccionan, y es Persépolis un excelente ejemplo de dónde aliados utilizan la vulnerabilidad del hombre -pueblo que debiera ser con más poder- de imponer algo hasta normalizar sin poder hacer nada porque eso es lo que el Señor manda.


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