Cadáveres indisciplinados, el discurso del cuerpo vivido

Quizá la experiencia para el artista, se ve reflejada en símbolos propios de una sociedad volátil, poniendo las cartas sobre la mesa para crear una polémica introspectiva donde los espectadores ponen a prueba sus sentidos para darle paso a un masoquismo moral.

Solo quizá, la experiencia de lo vivido en esta exposición hace que este espectador recomiende la obra de José Alejandro Restrepo, la cual se encontrará abierta del 13 de abril al 18 de junio de 2018 en El Parqueadero, la sala de proyectos del Museo de Arte Miguel Urrutia -MAMU- (Calle 11 # 4-21).

Visitas guiadas todos los días desde el viernes 13 de abril para todos los públicos 2:30 p.m. a 3:30 p.m.

Sobre "Cádaveres indisciplinados":

"Perinde ac cadáver", (disciplinado como un cadáver), es una frase que se le atribuye a San Ignacio de Loyola a mediados del siglo XVI.

En 1961, con la misma frase se defendió el teniente coronel de la SS Adolf Eichmann, durante el juicio que se le hizo en Jerusalén. Argumentó el oficial, que el genocidio judío fue producto simple y llano de obedecer órdenes superiores. Disciplinado como un cadáver quiere decir: yo obedezco a mis superiores “ciegamente”, “calladamente”. En términos milicianos se habla de “obediencia debida” o “actos de servicio”, asuntos que no se cuestionan; son una orden y las órdenes se cumplen. Punto.

Paradójicamente, no hay nada menos disciplinado que un cadáver. La indisciplina es lo propio de muchos cadáveres egregios. Los cadáveres se inhuman, se exhuman, se vuelven a inhumar, se vuelven a exhumar, son objeto de todo tipo de tráfico, de comercio legal e ilegal, son objeto de culto, son fetichismo y objeto de magia. También son un botín político. Ampararse del cuerpo y/o ocultarlo es un asunto de Estado. El muerto no es dueño de su cadáver. Cuerpos inertes que sin embargo nunca están quietos, se desplazan incesantemente, van y vienen, a veces poseen el don de la ubicuidad. Algunos tienen una costumbre bastante enojosa: aparecer en forma de fantasmas y revelan grandes verdades. Si bien es cierto que los muertos no dejan en paz a los vivos, habría que decir que los vivos tampoco dejan en paz a los muertos.